Turquia
El conocimiento botánico auténtico no se limita al trabajo dentro del invernadero; se adquiere recorriendo los senderos pedregosos y las laderas áridas del planeta
Nuestra expedición a Turquía estuvo motivada por la exploración de un territorio puente entre continentes, caracterizado por una geografía indómita y unos paisajes verdaderamente alucinantes. Recorrer las áridas mesetas de Anatolia y los valles de formaciones geológicas imposibles nos permitió estudiar ecosistemas de contrastes térmicos brutales, con inviernos rigurosos y estíos severamente secos. En estas regiones, la flora alpina y las plantas xerofíticas desafían laderas escarpadas de roca desnuda, suelos calcáreos y yesos minerales puros.
Durante nuestras rutas de campo, centramos la atención en documentar cómo la vegetación singular y la herpetofauna local interactúan con estos escenarios tan imponentes. La majestuosidad de los paisajes parecen sacados de otro mundo, registrando la fisonomía rústica de ejemplares botánicos perfectamente adaptados a la escasez hídrica estival y a los sustratos erosionados.
Comprender la resistencia y la rusticidad de las plantas que prosperan en estos entornos de montaña y estepa nos ofrece valiosísimas claves técnicas para seguir perfeccionando el comportamiento y la aclimatación de los ejemplares en nuestro propio vivero.